Bitácora de literatura fantástica
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Photographing fairies
(Nick Willing / Inglaterra 1997)



En 1917, unas semanas antes del fin de la primera guerra mundial, dos niñas de la provincia inglesa de Cottingley tomaron un par de fotografías donde una de ella aparece rodeada por diminutas criaturas bailarinas: hadas. Los padres al descubrir las fotografí­as y luego de buscar infructuosamente pruebas de su falsedad, distribuyeron copias entre sus amistades. Una de esas copias cayó en manos de Sir Arthur Conan Doyle (creador de Sherlock Holmes), acérrimo miembro de la Sociedad Teosófica de Londres. Conan Doyle, quien a la sazón escribí­a un artí­culo sobre la existencia de las hadas, publicó las fotografías, autentificándolas y desatando así una polémica que convirtió la imaginación de dos niñas en uno de los casos más famosos de fraude fotográfico.

80 años más tarde, en 1997, aparecen dos películas sobre el tema, la norteamericana Fairytale: A true story, estelarizada por Peter O´toole y Harvey Kietel; y la inglesa Photographing Fairies, con Toby Stephens y Ben Kingsley. La primera es una historia que retoma la anécdota con suficiente fidelidad, concluyendo, como el mismo Conan Doyle una vez revelado el fraude fotográfico, con la declaración de que si las hadas no existen deberían hacerlo, pues representan la creencia del ser humano en otro mundo, uno mejor.

Photographing Fairies adapta la novela homónima de Steve Szilagy (nominada al Hugo en 1992) y desde el principio nos sitúa en el lado contrario de Fairie tale. Durante una conferencia de la Sociedad Teosófica de Londres, cuyo tema son las hadas de Cottingley, Charles Castle, el protagonista de la película, rebate la veracidad de las fotografías. Días más tarde recibe la visita de una mujer con un caso similar al de Cottingley, sus hijas han fotografiado hadas.

Charles, ex fotógrafo de cadáveres en la primer guerra mundial, acepta revisar las fotografías que la mujer le ha llevado, y luego de someterlas a un riguroso estudio con la tecnología más avanzada de su época, descubre que se trata de fotografías auténticas.

De ahí en adelante, obsesionado, mudará su estudio al pueblo donde viven las niñas e iniciará una metódica investigación donde descubrirá una flor cuyas propiedades alucinógenas permiten ver a las hadas.

Es notable la secuencia donde Castle ingiere una de las flores y puede ver con lujo de detalle el vuelo de un insecto, la presencia de hadas en el bosque, e incluso a su esposa (muerta justo al dí­a siguiente de su boda), quien le asegura que existe otro mundo en el que podrán reencontrarse. También digno de mención es la actuación de Ben Kingsley, quien encarna al cura del pueblo, y que ha de entablar un duelo de voluntades con el fotógrafo, duelo que inevitablemente culminará en tragedia.

La película, dirigida por Nick Willing, se exhibió en México en 1998, durante el II festival internacional de ciencia ficción y fantasí­a MECYF, y llegó precedida de varios premios europeos. No tuvo proyección en pantallas comerciales, pero Videomax la sacó en video con el infame título de Criaturas fantásticas. Y aunque es triste que no haya tenido éxito en nuestro país, también es gracias a eso que podemos encontrarla a precios de risa en los botaderos de películas que hay en los Blockbusters y en los Videocentros. Es increí­ble como se puede uno hacer de joyitas en los sitios menos esperados

<< El guardagujas | 7:30 AM | link


Donnie Darko
(Richard Kelly /EUA 2001)



En una de sus mejores novelas, Slip martian time (Tiempo de Marte / Minotauro), Philip K. Dick describe la esquizofrenia como un estado de enajenación en el que la realidad se fragmenta. Y va más allá todaví­a, uno de los protagonistas del libro, un niño autista, tiene visiones del futuro: un mundo en descomposición. Otro gran escritor, Kurt Vonnegut, describe en Sloughterhouse five (Matadero 5 / Anagrama), a su mítico personaje Billy Pilgrim, quien aprovechando su esquizofrenia viaja en el tiempo de un momento a otro y sin aviso previo.

Donnie Darko es un adolescente con problemas de esquizofrenia y sonambulismo que acostumbra tener amigos imaginarios. Uno de ellos, Frank, un macabro conejo gigante de peluche, le despierta una madrugada y le hace salir de su casa para decirle que el mundo se ha de terminar en 28 días.

Esa madrugada, que Donnie pasa dormido en un campo de golf, una turbina de avión cae sobre su casa, destruyendo por completo su habitación. Lo inquietante: la línea aérea a la que pertenece la turbina dice no saber nada al respecto. Ningún avión ha sufrido tal perdida.

A partir de entonces Frank tomará bajo su tutela a Donnie, y durante sus apariciones le dirá no sólo que los viajes en el tiempo son posibles, sino que además puede hacer lo que él quiera; y para muestra le sugiere varias cosa, como inundar la escuela, o quemar la casa de un charlatán new age.

Richard Kelly no pudo haber debutado con un filme más intersante. Donnie Darko va de la comedia adolescente ochentera (el filme transcurre en 1988) al homenaje a David Lynch, rozando por momentos la ciencia ficción, no sólo por la relación de viajes en el tiempo y esquizofrenia, sino por la teoría de los agujeros de gusano, punto clave para entender la película.

Resulta interesante ver a Drew Barrymore con un doble papel en la película, por una lado como productora ejecutiva y por otro interpretando fallidamente a una joven maestra de literatura, palida sombra del John Keating de The dead poets society. Actúan también, como Donnie, un excelente Jake Gyllenhal; Patrick Swayze en un papel a su justa y odiosa medida; y Maggie Gyllenhal, hermana de Jake y estrella de Secretary, como la hermana mayor de Donnie. Un plus: el soundtrack, The Church, Joy Division, Echo and the Bunnymen, Tears for fears, Duran Duran. Ah, nostalgia.

<< El guardagujas | 7:25 AM | link


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